El mate acaricia las manos del otoño crocante
una señora pasa y saluda atentamente al verdulero
que también le vendió pan y caramelos
Una bolsa abre la boca al gato
que come al filo de una mirada ruidosa
y trepa desconfiado al árbol
que da a la tapia de la vecina en pantuflas
Un carro cartonero recicla lo reciclable
y las bocinas no degradables imponen su atropello.
En este pequeño umbral de luz
una maceta con yuyitos salvajes
grita para afuera
como la voz cuando atraviesa el silencio
y hay que salir por la ventana.