viernes, 26 de agosto de 2011

25 de agosto


Un día como hoy
pero en un 2010 más lejano
hubo un antes
de este después.

La muerte
irrumpe
procesos vitales desconocidos
y, quizás, necesarios.
Vaya uno a saber por qué ocurre
en formas tan violentas
o sutiles.
Vaya uno a saber por qué
cada cosa que se contó después
tomó la forma de una feliz despedida  (fue al campo con los nietos, organizó reuniones familiares, se compró una moto del destino, pasó a visitar a los de siempre, tomó los mates con la nona, le dijo un chiste al playero, se puso el casco...).

Sucedió que el tío,
entregó su cuerpo
a un brutal choque
que ahora no pienso ni siento
y sólo me queda su sonrisa inevitable
diciendo “ahijada” en un abrazo.

Ahora, que pasó un año –según el calendario-
           que todos cambiamos
           que nos apaciguamos
veo a la muerte
como un mero obstáculo de la vida
en su límite infinito.

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