miércoles, 2 de octubre de 2013




La espiral

En cada punto, un rostro
de mí que no es de mí. Que callen
las ventanas, el mundo.
¿Qué hago aquí al pie de una palabra
que no se deja decir?
Inútil es perseguirla, ella sabe
que su única casa es ella misma.
Ya nunca entenderé cómo cantan los grillos
que cincelan la noche.
En ese animalito cabe
la lejanía del estar.
La noche que me cubre la mano
otoña en nieblas idas
y los motivos lentos
dan frío al corazón.


Arboles

Quien se inclina a
recoger  un papel del suelo ve
que los árboles hablan. Esto
no va a ninguna parte. Los árboles
tocan la mañana para que sea feliz y eso
es un destino y no va  a ninguna parte. Una sierra
les saca pájaros del día,
la tarde no se acuesta cantada.
Mi mesa es un silencio
que no se puede abrir.

 
Juan Gelman

          Mundar (2007)



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