jueves, 2 de febrero de 2017

Reconstrucción



Esta es la imagen
de cuando la luz
nos hizo un surco en la cara
y no podíamos abrir los ojos
porque estábamos sintiendo la laguna adentro nuestro.
Era en la fiesta a la que no nos invitaron
pero igual fuimos como amigas del amigo
te acompañé o vos me acompañaste. Qué importa.

La memoria no tiene estructura narrativa
la situación inicial empezó
donde no sabemos
yo sólo recuerdo que
te dije con el cuerpo algo parecido a esto:
para mí el conflicto es no pensar cuando bailo
porque justo ahí me modifico. 

Esa madrugada
nosotras teníamos la remera pegoteada al pecho,
la campera colgando de la cartera
y hubiéramos seguido ahí moviéndonos hacia la melodía
porque el bolichito interior estaba encendido
como esas luces de colores
que colgaban de los clavos.
Pero qué importa la profundidad de lo que se mueve, de lo que está quieto
si al final cualquier fiesta es igual de torpe

alguien
prende la luz
y apaga la música como para siempre

Sin embargo,
cuando vos sacaste un par de chicles y la manteca de cacao
la claridad ya era anestesia
y el amigo del amigo gritaba una cumbia desde el sillón,
lo alumbraba el amanecer. Tenía las ojeras violetas
como un hígado
una uva.

Todo era despreciablemente bello. Vos y yo, también.
Los indicios estaban en las sandalias manchadas,
en el pelo revuelto,
no podíamos caminar hasta la puerta
y entonces
el desenlace fue el deseo
la teletransportación hasta la cama
la horizontalidad del cuerpo
las persianas apretadas

la oscuridad que tiene cualquier vuelta
cualquier surco cualquier poema
que no sabe a dónde va.


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